──Venganza
Siempre ha sido una palabra aterradoramente dulce para Monica.
Cuando murió su padre, tuvo la opción de entregarse a la ira y al odio y vivir para vengarse.
Pero Monica sólo lloró, se afligió... y escapó al mundo de los números.
No es que no tuviera rabia u odio hacia la persona que mató a su padre. Pero tenía miedo de entregarse a esas intensas pasiones.
"No me importaría que me mataras. Adelante, estrangúlame o quémame hasta las cenizas con tu magia".
"No puedo..."
Incluso mientras Monica contestaba con voz temblorosa, Isaac seguía apretando la mano de ella contra su propio cuello, negándose a soltarla.
La mano de Isaac era escalofriantemente fría.
"Si eres tú, podrías haber expuesto a la luz todos mis actos y los del Duque Crockford, y haber declarado la inocencia de tu padre".
Si Monica hubiera revelado la verdad sobre el intercambio de cadáveres diez años atrás, podría haber declarado la inocencia de su padre, ya que fue ejecutado para ocultar esa verdad. Pero Monica no hizo eso.
Persiguiendo la verdad detrás de la ejecución de Benedict Rayne hace siete años, la verdad del intercambio de cuerpos sería expuesta.
Y entonces, la ejecución de Isaac sería inevitable.
"...Sí, si hubiera hecho todo público, podría haber sido capaz de poner a descansar el resentimiento de mi padre."
Al considerar esta operación de rescate de Isaac, eso era lo que causaba más conflicto a Monica.
Si lo mantenía todo ambiguo y ocultaba la verdad en la oscuridad, podría salvar a Isaac.
Pero entonces ella no sería capaz de perseguir la inocencia de su padre.
"...Si dijera la verdad, sabrían que padre no era malo... que padre era increíble... Podría gritárselo a todo el mundo...".
Cuánto debió desear poder gritar eso en la reunión del Concejo Supremo.
"Pero aun así... aun así, yo..."
Gota a gota, las lágrimas cayeron sobre las mejillas de Isaac.
La mano de Isaac se aflojó. Sus ojos azules miraron a Monica confundidos.
Monica arrugó la cara y murmuró con voz temblorosa,
"...quería salvarte a ti, el tú que está vivo ahora."
Poniendo el honor de su padre en un lado de la balanza y la vida de Isaac en el otro, Monica eligió la vida de Isaac.
Una y otra y otra vez, pidiendo disculpas a su padre en su mente.
Monica se bajó de Isaac y se secó los ojos con la manga de la bata. Luego sacó un diario encuadernado en cuero del bolso que había junto al sofá.
En cuanto Isaac vio la portada, pareció darse cuenta de lo que era. Sus ojos se abrieron de golpe, mirando fijamente el diario.
"...Eso es...de Ark..."
Sí, el auténtico diario de Felix Ark Ridill, que Monica obtuvo en el monasterio del norte.
Desde que leyó este diario, Monica había tomado una decisión.
Ella salvaría a Ike y le mostraría este diario.
"Por favor, lee esto".
Cuando Monica le ofreció el diario, Isaac lo cogió con expresión tensa y acarició suavemente la portada con las yemas de los dedos.
Dejó escapar un suspiro y su perfil parecía rememorar el pasado.
Isaac abrió la cubierta del diario. Luego leyó lentamente cada página, una por una. Monica observaba en silencio.
Durante un rato, el único sonido en la silenciosa habitación fue el susurro de las páginas al pasar.
Finalmente, cuando el diario llegó a su última mitad, apareció la imagen del "Príncipe Ideal".
Junto a la ilustración del príncipe aparecían las condiciones de un príncipe ideal. Una de ellas era "amable con todo el mundo", con una marca rodeada por un círculo que Isaac trazó con el dedo.
"Ah, sí. Fui yo quien marcó ese círculo".
Murmuró con una voz medio hablándose a sí mismo, e Isaac cerró los ojos.
"Llevé a mi amigo más querido al suicidio, quemé su cuerpo y ocupé su lugar... y aun así, ni siquiera pude dejar un legado adecuado antes de sobrevivir a duras penas".
El dedo de Isaac pasó la página. La página siguiente registraba la desesperación de Felix al conocer la verdad.
Y su plan infantil para liberar a Isaac.
"...No pude convertirme en el amable príncipe, ¿Verdad, Ark?".
Su voz ronca sonaba casi como una confesión.
Incapaz de convertirse en el príncipe amable e incapaz de dejar un legado apropiado, viviría como Felix Ark Ridill de ahora en adelante.
Ya sin poder aspirar al trono, en una posición incompleta.
"Por favor, lee hasta el final".
Monica, que lo había vigilado en silencio todo este tiempo, aferró el dobladillo de la túnica de Isaac mientras le decía sin palabras.
"Ahí es donde está escrito el verdadero deseo de Felix".
"¿Su... verdadero deseo...?"
El deseo que Isaac creía que tenía Felix era "permanecer en la memoria de la gente".
Lo expresó aludiendo a la historia del Rey fundador, diciendo, "Quiero dejar mi nombre, hacerlo brillar como una constelación".
Pero el deseo que Felix dejó justo antes de ayudar a Isaac a escapar de la mansión era algo totalmente distinto.
Cuando Isaac pasó la página y sus ojos se posaron en las palabras, se quedó helado.
'Puede que no pueda convertirme en Rey, pero aun así me esforzaré por llegar a ser un príncipe amable del que Ike pueda sentirse orgulloso.
Aunque no pueda convertirme en una magnífica constelación registrada en la historia, seguro que Ike nunca me olvidará y me recordará.
Y cuando crezca, iré a conocer a Ike. Como Ark, el amigo íntimo de Ike.
Quiero escuchar todo tipo de historias del Ike adulto. Qué tipo de vida eligió. Qué cosas maravillosas descubrió. Que gente maravillosa conoció.
Tendré esas conversaciones con Ike tomando unas copas.
No importa si para entonces ya soy un viejo, o incluso un anciano.
Algún día, sin falta, iré a conocer a Ike.
Ese es mi sueño a partir de ahora.'
Felix ayudó a Isaac a escapar de la mansión, deseando que llegara el día en que volvieran a encontrarse.
Aunque no pudiera dejar un gran legado ni convertirse en una magnífica estrella, creía que su íntimo amigo Ike nunca le olvidaría.
"...La muerte de Felix no fue un suicidio... debió ser un accidente".
* * *
Los recuerdos de aquella noche resurgieron vívidos en la mente de Isaac.
Luego de diez años, el recuerdo seguía fresco y vívido.
Los dos salieron a hurtadillas de la mansión para contemplar las estrellas. Soplaba una fuerte ráfaga de viento que les agitaba el pelo.
Las ramas se balanceaban y las hojas crujían, y la mano de Felix aferrada a la suya estaba completamente fría.
"El viento es cada vez más fuerte. Volvamos, no es bueno para nuestros cuerpos si nos quedamos fuera más tiempo, Ark."
"Sí..."
──Así es. El viento era fuerte aquella noche.
Una escalera había sido apoyada contra el balcón del último piso de la mansión.
En el techo, el cabello dorado de Felix brillaba tenuemente.
Soplaba una fuerte ráfaga de viento y la luna redonda asomaba tras las nubes.
Unas estrellas centelleantes rodeaban la luna que brillaba tenuemente.
Como si por fin pudiera verlas, Felix extendió la mano hacia las estrellas brillantes... eso es, soltó una mano.
Y entonces, cayó.
* * *
"¿Fue... un accidente...?"
Era cierto que Felix causó una conmoción para ayudar a escapar a Isaac, pero no tenía intención de suicidarse.
Felix, abandonado por su abuelo, no eligió la muerte por la desesperacióm.
Realmente soñaba con reunirse con Isaac algún día.
"Felix quería que vivieras libremente. Que encontraras cosas que te gustaran, gente que te gustara... y luego, algún día, reunirte contigo cuando hubieras encontrado esas cosas".
Los ojos abatidos de Isaac estaban ocultos por el flequillo que colgaba sobre ellos.
Pero Monica vio cómo las lágrimas empapaban las páginas del diario a medida que caían.
"...Ark".
Su voz ronca pronunció el nombre de su difunto amigo.
Isaac se había culpado a sí mismo por llevar a Felix a la muerte. Así que intentó deshacerse de su cara y su nombre para convertirse en Felix, creyendo que así cumpliría el deseo del joven Felix.
Pero... el verdadero deseo de Felix había sido siempre la felicidad de Isaac.
De ahora en adelante, Isaac tendría que vivir como el Segundo Príncipe de este país. Habiendo ya descartado su cara y su nombre una vez, ya no podría vivir como Isaac Walker.
Aún así..., pensó Monica.
"Creo que hay algo que puedes hacer de ahora en adelante, para cumplir el deseo de Felix".
Aunque sus acciones estuvieran restringidas, Isaac seguía vivo.
Mientras viviera, había muchas cosas que podía hacer.
"Encuentra montones y montones de cosas divertidas, cosas que te gusten, para ti y para nadie más... Porque eso es... lo que Felix deseaba".
Mientras Monica trataba desesperadamente de tejer sus palabras, Isaac levantó lentamente el rostro.
Sus ojos azules se arremolinaban confusos, pero... el fuego de la obsesión había desaparecido de sus profundidades.
Monica arrugó la frente y sonrió a Isaac.
"...Así que, por favor, vive. Nunca pienses que estarías mejor muerto. Si murieras... el deseo de Felix nunca se cumpliría".
Isaac se quedó mirando a Monica en silencio durante un rato.
Aunque tensa, Monica le devolvió la mirada sin apartar los ojos.
"Tú..."
Los labios de Isaac temblaron ligeramente.
"¿Por qué irías... tan lejos...?".
Por qué iría tan lejos, por qué podría hacer tanto── por el hombre que era la razón de la muerte de su padre?
Ante la perplejidad de Isaac, Monica enderezó la espalda y carraspeó.
"Sabes... alguien me dijo una vez algo que me hizo feliz, y yo misma he querido decirlo una sola vez".
"......¿?"
Ante el desconcierto de Isaac, Monica hinchó el pecho y declaró.
Eran las palabras que Lana le había dicho una vez a Monica cuando parecía arrepentida de ser siempre la rescatada,
"¡No necesitas una razón, para ayudar a un amigo, Ike!".
* * *
Sintió como si el bulto que había estado atascado en su pecho durante tanto tiempo se derritiera.
Al inhalar profundamente, el aire fresco le llenó los pulmones. Fue como respirar a pleno pulmón por primera vez en mucho tiempo.
Así es, siempre se había sentido asfixiado... por la culpa.
La chica que había disipado mágicamente lo que ataba a Isaac parecía a punto de hinchar el pecho con orgullo, pero luego se encorvó y jugueteó con los dedos nerviosamente.
"Ah, um, bueno, puede que sea presuntuoso por mi parte llamarme amigo... ya que, bueno, solo somos amigos de la vida nocturna... y...".
Ah, esto es malo.
Isaac dejó escapar una risa irónica a modo de suspiro y se pasó los dedos por el pelo revuelto.
Al ver que Monica le fruncía las cejas con ansiedad, Isaac entornó los ojos.
Lo que llenaba el vacío de su pecho era una cálida emoción.
...¿Cómo podría no enamorarme de ella?
Cediendo al impulso del afecto, Isaac tiró de Monica para abrazarla. Un sordo "bwah" sonó justo debajo de su barbilla.
Isaac rió entre dientes, con las vibraciones retumbando en su garganta, y susurró al oído de Monica.
"Gracias, Monica".
Luego apretó suavemente los labios contra su mejilla blanca y sonrojada.
El esbelto cuerpo que sostenía entre sus brazos se puso rígido como una tabla. Monica se llevó una mano a la mejilla, poniéndose roja como la remolacha y temblando violentamente.
"Qu...qu...qu...qu..."
"¿Qué?"
"¡No es una almohadilla de patita!".
Isaac echó la cabeza hacia atrás con una sonora carcajada que hacía siglos que no soltaba.
Al otro lado de la puerta, Nero murmuró, "Soy un gato que sabe leer la atmósfera", mientras sostenía un pequeño frasco de ungüento y ahogaba un bostezo.
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